Venecia se hunde: el lento hundimiento de la ciudad de los canales

Venecia, la joya del Adriático construida sobre más de 100 pequeñas islas, enfrenta una amenaza existencial que avanza milímetro a milímetro cada año. La ciudad que ha desafiado las leyes de la física durante más de mil años con su arquitectura flotante ahora lucha contra una doble amenaza: el hundimiento del suelo sobre el que descansa y el ascenso implacable del nivel del mar.

Una ciudad construida sobre lo imposible

Venecia fue fundada en el siglo V por refugiados que huían de las invasiones bárbaras en el continente italiano. Estos pioneros descubrieron que las islas de la laguna veneciana ofrecían protección natural, y durante los siguientes siglos desarrollaron técnicas de construcción únicas para edificar una ciudad sobre un terreno que parecía imposible de habitar. Los venecianos hundieron millones de estacas de madera en el lodo blando de la laguna, creando una plataforma sobre la cual construyeron cimientos de piedra. Estas estacas, talladas principalmente de roble, alerce y pino, se conservan perfectamente bajo el agua debido a la ausencia de oxígeno que previene la putrefacción. Sobre estos cimientos de madera petrificada se levantaron algunos de los edificios más magníficos del Renacimiento. Durante el siglo XX, la ciudad se hundió aproximadamente 23 centímetros, una velocidad alarmante para los estándares geológicos. Aunque el ritmo se ha ralentizado en las últimas décadas, el proceso continúa inexorablemente. La extracción de agua subterránea en el continente cercano durante el siglo XX aceleró dramáticamente el hundimiento. Cuando se bombeaba agua de los acuíferos, el suelo se compactaba, causando que toda el área se hundiera. Afortunadamente, esta práctica se detuvo en los años 70, reduciendo significativamente la tasa de subsidencia. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y el proceso natural de compactación del suelo continúa.

Acqua alta: el fenómeno de las inundaciones

El «acqua alta» o agua alta es el término veneciano para las mareas excepcionales que inundan la ciudad. Históricamente raras, estas inundaciones ahora ocurren varias veces al año, transformando las plazas y calles en canales navegables. La Plaza de San Marcos, siendo uno de los puntos más bajos de la ciudad, se inunda con más frecuencia. Durante el acqua alta extremo de noviembre de 2019, el agua alcanzó 187 centímetros sobre el nivel medio del mar, la segunda inundación más alta registrada en la historia de Venecia. El agua invadió hoteles, tiendas, museos y viviendas, causando daños estimados en cientos de millones de euros. Los residentes han aprendido a vivir con estas inundaciones periódicas, instalando barreras en las puertas de sus negocios y viviendas, y utilizando pasarelas elevadas temporales que se despliegan cuando el agua invade las calles. Sin embargo, la frecuencia creciente de estos eventos está haciendo cada vez más difícil la vida cotidiana en la ciudad. Italia ha invertido más de 6.000 millones de euros en el proyecto MOSE (Modulo Sperimentale Elettromeccanico), un sistema de barreras móviles diseñado para cerrar temporalmente la laguna veneciana cuando se pronostican mareas altas peligrosas. El sistema consiste en 78 barreras amarillas gigantes instaladas en el fondo del mar en las tres entradas de la laguna.

El éxodo de los residentes

Quizás el impacto más dramático del hundimiento de Venecia es el éxodo de los residentes permanentes. En 1951, la población de Venecia era de aproximadamente 175.000 personas. Hoy, apenas supera las 50.000, y sigue disminuyendo. Las inundaciones frecuentes, el costo elevado de vida, la falta de servicios modernos y la invasión del turismo masivo han hecho que vivir en Venecia sea cada vez menos práctico para las familias normales. Los jóvenes especialmente abandonan la ciudad, buscando oportunidades en tierra firme. Este despoblamiento amenaza con convertir Venecia en un museo al aire libre, una ciudad fantasma habitada solo por turistas durante el día y vacía por las noches. Sin una comunidad residente vibrante, Venecia perdería no solo población sino también su alma cultural viva. Una idea controvertida es inyectar agua de mar en los acuíferos profundos bajo la laguna para «inflar» el suelo y contrarrestar el hundimiento. Los experimentos limitados han mostrado que esto es técnicamente posible, elevando el terreno varios centímetros. Sin embargo, los riesgos ambientales y la posibilidad de consecuencias no deseadas han frenado su implementación a gran escala. Otra propuesta involucra elevar físicamente los edificios históricos, una técnica ya utilizada con éxito en algunos edificios individuales pero extremadamente costosa y técnicamente desafiante a escala urbana.

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