Por qué China persigue a sus multimillonarios: la caída de Jack Ma y el fin de los magnates tecnológicosJack Ma attends the 20th Anniversary Schwab Foundation Gala Dinner on September 23, 2018 in New York, NY USA. Copyright by World Economic Forum / Ben Hider

En octubre de 2020, Jack Ma era el hombre más rico de China con 60.000 millones de dólares. Un mes después, había desaparecido. Su fortuna se evaporó, sus empresas fueron multadas con cantidades récord y él mismo se esfumó durante meses. ¿Qué pasó? China decidió que sus billonarios se habían vuelto demasiado poderosos.

La historia de por qué China persigue a sus multimillonarios comienza con un discurso. El 24 de octubre de 2020, Jack Ma —fundador de Alibaba y rostro visible del milagro tecnológico chino— subió al escenario de la Cumbre Bund en Shanghái y cometió un error fatal. Criticó abiertamente al sistema bancario chino, tachándolo de anticuado y con «mentalidad de casa de empeños». Pidió menos regulación financiera y más innovación. Era una crítica directa a los reguladores del Partido Comunista Chino.

Siete días después, el gobierno canceló la OPV de Ant Group —la filial financiera de Alibaba— valorada en 37.000 millones de dólares, que iba a ser la salida a bolsa más grande de la historia. Un mes después, abrieron una investigación antimonopolio contra Alibaba. En abril de 2021, la empresa fue multada con 2.800 millones de dólares. Y Jack Ma, el hombre que había protagonizado actuaciones de Michael Jackson ante 40.000 empleados, simplemente desapareció de la vida pública.

De «enriqueceos primero» a «prosperidad común»

Para entender por qué China persigue a sus multimillonarios, hay que remontarse a 1978. Deng Xiaoping, el arquitecto de la reforma económica china, pronunció una frase que se hizo famosa: «Dejad que algunos se enriquezcan primero». Era la señal de salida para el capitalismo con características chinas.

Lo que mucha gente olvida es que Deng añadió una segunda parte: esos primeros ricos tendrían que «liderar a otras regiones y personas hacia la prosperidad común gradualmente». Era un trato implícito: el Partido Comunista permitiría la acumulación de riqueza privada, pero a cambio mantendría el control político absoluto y, llegado el momento, reclamaría su parte del pastel.

Ese momento llegó en agosto de 2021, cuando Xi Jinping resucitó el término «prosperidad común» (共同富裕) en una reunión del Comité Central del PCCh. El mensaje era cristalino: «regular los ingresos excesivamente altos» y «alentar a las personas y empresas de altos ingresos a devolver más a la sociedad».

Los números explicaban la urgencia. Según Credit Suisse, el 1% más rico de China controla el 31% de la riqueza del país, frente al 21% de hace dos décadas. Mientras tanto, el primer ministro Li Keqiang había revelado en 2020 que 600 millones de chinos —el 40% de la población— viven con menos de 1.000 yuanes al mes (154 dólares), insuficiente para alquilar una vivienda en una ciudad mediana.

La purga de los magnates tecnológicos

Jack Ma no fue el único. Lo que comenzó como un caso aislado se convirtió en una campaña sistemática contra los multimillonarios tecnológicos de China:

Pony Ma (Tencent): En 2021, «voluntariamente» se ofreció a reunirse con las autoridades antimonopolio. Tencent se desprendió de participaciones en múltiples sectores y reestructuró su negocio financiero. Perdió el 62% de su capitalización de mercado desde su pico en febrero de 2021 (916.000 millones de dólares).

Colin Huang (Pinduoduo): Renunció como CEO y se retiró de la vida pública en 2021, siguiendo la estrategia de «cabeza baja» que Jack Ma adoptó demasiado tarde.

Richard Liu (JD.com): Dimitió como CEO en 2022, alejándose del primer plano ejecutivo.

Wang Xing (Meituan): En 2021 publicó un poema criticando al emperador Qin Shi Huang —conocido por quemar libros para suprimir disidentes intelectuales—. El gobierno abrió una investigación antimonopolio. Wang rápidamente transfirió 2.000 millones de dólares en acciones a su fundación filantrópica.

Bao Fan (China Renaissance): En febrero de 2023, el banquero de inversión más importante de China simplemente desapareció. Su banco anunció que estaba «cooperando con las autoridades» en una investigación. Nunca reapareció públicamente de forma significativa.

El patrón es claro: los que permanecieron en silencio y obedecieron sobrevivieron. Los que cuestionaron o llamaron demasiado la atención fueron castigados.

Las cinco razones reales por las que China persigue a sus multimillonarios

¿Por qué el gobierno chino, que durante décadas celebró a sus billionarios como símbolos del éxito nacional, decidió de repente ir a por ellos? Hay cinco razones fundamentales:

1. El poder financiero amenazaba al Estado

En 2020, Alibaba, Tencent y Ant Group tenían una capitalización de mercado combinada de casi 2 billones de dólares, muy superior a la de los grandes bancos estatales como el Industrial & Commercial Bank of China. A través de sus sistemas de pago por internet (Alipay, WeChat Pay) y provisión de crédito, estas empresas tecnológicas operaban como gigantes financieros sin las restricciones regulatorias de los bancos tradicionales.

Jack Ma tenía razón cuando dijo que los bancos chinos tenían «mentalidad de casa de empeños» —exigían garantías y colaterales antes de prestar—. Su error fue no entender que esa cautela era intencional. El gobierno chino controla el sistema financiero como herramienta de política económica y estabilidad social. Un sistema financiero privado fuera de su control era inaceptable.

2. Legitimidad política del Partido Comunista

Durante décadas, el PCCh ha basado su legitimidad en el crecimiento económico extraordinario. «Nos habéis dado prosperidad», era el trato implícito. Pero cuando ese crecimiento se ralentiza —el PIB chino creció solo un 2,2% en 2020, su peor cifra en décadas— el partido necesita una nueva narrativa.

La desigualdad extrema amenaza esa legitimidad. ¿Cómo puede un «Partido Comunista» justificar que algunos ciudadanos acumulen fortunas de 60.000 millones mientras cientos de millones no pueden permitirse alquilar una vivienda? La campaña de «prosperidad común» es tanto económica como política: restablece la narrativa de que el PCCh sirve al pueblo, no a los oligarcas.

3. Romper monopolios que ahogaban la competencia

Las investigaciones antimonopolio no eran solo teatro político. Alibaba y Tencent habían creado verdaderos monopolios que asfixiaban la competencia. Meituan, la plataforma de entrega de comida, fue investigada por obligar a restaurantes a vender exclusivamente en su app. Alibaba fue multada por prácticas similares. Estas empresas habían crecido tanto que podían dictar términos a pequeñas empresas y consumidores.

La multa de 2.800 millones de dólares a Alibaba no fue arbitraria: representaba el 4% de sus ingresos en 2019, la cantidad máxima permitida bajo la ley antimonopolio china.

4. Seguridad nacional y control de datos

Las empresas tecnológicas chinas acumulan cantidades masivas de datos sobre ciudadanos, sus hábitos de consumo, movimientos, relaciones sociales y transacciones financieras. Para un régimen que considera el control de información como cuestión de seguridad nacional, permitir que esos datos permanezcan en manos privadas era un riesgo inaceptable.

Por eso la empresa de transporte compartido Didi fue sancionada duramente justo después de salir a bolsa en Estados Unidos en 2021. El gobierno la obligó a eliminar su app de las tiendas y reestructurarse bajo supervisión estatal.

5. Recordar quién manda

Quizás la razón más importante es la más simple: Xi Jinping quería dejar claro que en China, el gobierno manda sobre los empresarios, no al revés. En Estados Unidos, los billonarios pueden influir en políticas, financiar campañas y moldear la opinión pública. En China, son tolerados mientras sirvan a los intereses del partido.

Jack Ma había desarrollado un perfil demasiado alto. Era más famoso que muchos líderes del PCCh, tenía millones de seguidores en redes sociales que lo llamaban «Profesor Ma» con veneración, y aparentemente creía que su éxito empresarial le daba licencia para criticar al gobierno públicamente. Xi le recordó —brutalmente— que estaba equivocado.

Las consecuencias: 1,5 billones de dólares evaporados

Los números son abrumadores. Desde sus picos de valoración, las empresas tecnológicas chinas han perdido más de 1,5 billones de dólares en capitalización de mercado:

  • Alibaba: perdió el 75% de su valor desde octubre de 2020 (838.000 millones de dólares en su pico)
  • Tencent: cayó el 62% desde febrero de 2021 (916.000 millones en su pico)
  • Las fortunas de Jack Ma y Pony Ma: se redujeron a la mitad, perdiendo 75.000 millones de dólares combinados

Los billonarios chinos respondieron de la única forma posible: con «donaciones filantrópicas» masivas que sonaban más a extorsión que a caridad:

  • Tencent: 15.500 millones de dólares para iniciativas de prosperidad común
  • Alibaba: 15.500 millones de dólares para proyectos sociales
  • Pinduoduo, Xiaomi y Meituan: 10.000 millones de yuanes cada uno

En enero de 2021, Jack Ma reapareció brevemente para decir que era «responsabilidad» de los empresarios trabajar por la «prosperidad común». En marzo de 2023 volvió a aparecer en China continental, pero ya no como el showman carismático que alguna vez fue. En febrero de 2024 se le vio estrechando la mano de Xi Jinping en una cumbre económica, notablemente más callado y sumiso.

Un modelo económico único

China ha creado algo sin precedentes: un capitalismo donde los multimillonarios existen bajo permiso revocable del Estado. No hay imperio empresarial lo suficientemente grande, ni fortuna lo suficientemente vasta, que esté a salvo si el partido decide que represents una amenaza.

Otros CEOs han aprendido la lección. Zhang Yiming (ByteDance), Su Hua (Kuaishou) y docenas más renunciaron a sus puestos ejecutivos entre 2021 y 2023. Prefieren perfiles bajos, fundaciones filantrópicas y declaraciones públicas alabando la sabiduría del partido.

La pregunta no es si China seguirá persiguiendo a sus multimillonarios, sino si este modelo es sostenible. La salida de capitales, la fuga de talento y la destrucción de confianza entre empresarios son reales. Pero para Xi Jinping, el control político vale más que la eficiencia económica. Y en China, lo que dice Xi es ley.

La era de los magnates tecnológicos todopoderosos en China ha terminado. En su lugar queda una lección clara: en la economía socialista de mercado con características chinas, el mercado es solo una herramienta. El verdadero poder siempre ha pertenecido —y siempre pertenecerá— al Partido Comunista Chino.

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