En la Atenas del siglo V a.C., la democracia más celebrada de la antigüedad implementó un sistema fiscal que resultaría impensable en las sociedades modernas: solo los ciudadanos más ricos pagaban impuestos, y no solo lo aceptaban sino que competían abiertamente por el privilegio de pagar más. Este sistema, conocido como liturgia, revela una mentalidad sobre la riqueza, la ciudadanía y el deber público radicalmente diferente a las concepciones contemporáneas.
Definición y origen de la liturgia
La palabra liturgia proviene del griego leitourgia, compuesta de leitos (público) y ergon (trabajo u obra), literalmente obra pública. En la Atenas clásica, designaba servicios públicos obligatorios que los ciudadanos más acaudalados debían financiar personalmente. A diferencia de los impuestos modernos recaudados por el Estado y gastados según decisiones gubernamentales, las liturgias eran proyectos específicos asignados a individuos que debían costear completamente de su fortuna personal. El sistema probablemente evolucionó durante el siglo VI a.C., formalizándose bajo las reformas de Clístenes y solidificándose durante la edad dorada de Pericles. Existían múltiples categorías de liturgias, cada una sirviendo diferentes funciones estatales. La trierarquía era quizás la más costosa y prestigiosa. Un trierarca debía equipar y mantener un trirreme durante un año. Esto incluía pagar a la tripulación de aproximadamente 200 hombres, mantener el barco, provisionar los suministros y, en tiempos de guerra, servir como capitán. El costo podía alcanzar varios talentos. Las liturgias de coro financiaban producciones teatrales y competiciones musicales.

Competición y honor
El aspecto más fascinante del sistema litúrgico era cómo transformaba la obligación en competición. Los khorēgoí competían por producir el mejor espectáculo teatral. Algunos gastaban extravagantemente para asegurar la victoria en los concursos dramáticos. Las victorias se conmemoraban con monumentos, algunos aún visibles en Atenas hoy. El Monumento de Lisícrates, una elegante estructura circular de mármol, celebra la victoria como khorēgós en 335/334 a.C. Esta competencia servía al Estado brillantemente. Extraía el gasto máximo de las élites mediante la apelación a la vanidad y al deseo de honor. Reconociendo el potencial de injusticia, los atenienses desarrollaron un mecanismo llamado antídosis. Si un ciudadano asignado a una liturgia creía que otro era más rico y debería servir en su lugar, podía desafiar a ese ciudadano. El desafiado tenía dos opciones: aceptar la liturgia o intercambiar propiedades completamente con el desafiante.
Liturgias y democracia
El sistema litúrgico complementaba la democracia ateniense de manera compleja. Por un lado, aliviaba a las masas de la tributación directa. Los ciudadanos ordinarios pagaban pocos impuestos directos. Los servicios públicos eran financiados por los ricos. Por otro lado, las liturgias consolidaban la influencia de la élite. La generosidad litúrgica generaba capital político. El sistema también reforzaba la jerarquía social incluso dentro de la democracia igualitaria. Las liturgias distinguían públicamente a los ricos de los no ricos. El contraste con la fiscalidad contemporánea es marcado. Hoy, los impuestos son recaudados anónimamente por las burocracias estatales.