El último territorio descubierto en la Tierra: un archipiélago del tamaño de Suiza que permaneció invisible hasta 1913

Severnaya Zemlya tiene 37.000 km² y está a solo 900 kilómetros de Siberia. Pero nadie sabía que existía hasta el siglo XX. Es el último gran descubrimiento geográfico del planeta.

En 1913, cuando ya existían los aviones, el telégrafo transatlántico y la teoría de la relatividad de Einstein, cuando la Antártida había sido alcanzada y el Titanic ya se había hundido, los humanos descubrieron un archipiélago del tamaño de Suiza que nadie había visto antes.

Se llama Severnaya Zemlya (Tierra del Norte en ruso). Y es oficialmente el último territorio considerable descubierto en el planeta Tierra.

Un archipiélago que no debería haber sido invisible

Severnaya Zemlya tiene 37.000 km² —aproximadamente el tamaño de Suiza o del estado de Indiana. Está compuesto por cuatro islas grandes (Revolución de Octubre, Bolchevique, Komsomolets y Pionero) y unas 70 islas menores.

Lo realmente extraño es su ubicación: está a solo 900 kilómetros de la costa de Siberia, separado del continente por el estrecho de Vilkitsky. No es una isla perdida en medio del Pacífico. Está prácticamente al lado de territorio habitado.

¿Cómo es posible que nadie lo viera durante siglos de exploración ártica?

La respuesta está en el hielo. El 48% del archipiélago está cubierto por glaciares permanentes que alcanzan hasta 250 metros de espesor. El clima es brutal: temperaturas de -30°C en invierno, apenas 1-2°C en verano, y solo 2,5 meses al año sin nieve. El hielo marino rodea las islas casi todo el año, creando una barrera casi impenetrable.

Durante siglos, el hielo hacía que el archipiélago pareciera una extensión de la banquisa ártica, indistinguible del océano congelado circundante.

Los exploradores que pasaron a metros sin verlo

La ironía es que varios exploradores pasaron muy cerca sin darse cuenta.

En 1810, durante su exploración de las Islas de Nueva Siberia, Matvei Gedenschtrom y Yakov Sannikov reportaron haber visto tierra en esa dirección general. Nadie les hizo caso.

En 1878, el explorador sueco Adolf Erik Nordenskiöld navegó a pocos kilómetros durante su expedición Vega. No lo vio. Probablemente confundió las islas con bancos de hielo.

En 1882, el explorador danés Andreas Peter Hovgaard se propuso específicamente descubrir tierra al norte del Cabo Cheliuskin (el punto más septentrional de Siberia). Su barco, el Dijmphna, quedó atrapado en el hielo antes de llegar. Si hubiera tenido éxito, Severnaya Zemlya habría sido descubierta 31 años antes.

Para 1902, los mapas rusos mostraban un espacio en blanco donde debería estar el archipiélago. Un vacío cartográfico de 37.000 km² en pleno siglo XX.

El descubrimiento: septiembre de 1913

La Expedición Hidrográfica del Océano Ártico comenzó en 1910 con un objetivo ambicioso: trazar la Ruta del Mar del Norte desde Vladivostok hasta Arcángel, navegando por primera vez el Ártico ruso de este a oeste.

Dos rompehielos fueron construidos específicamente para esta misión en San Petersburgo: el Taimyr y el Vaigach, cada uno con 1.500 toneladas de desplazamiento y motores de 1.200 caballos de fuerza.

La expedición fue organizada por Aleksandr Kolchak (que más tarde se convertiría en líder del Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa) y dirigida por el capitán Boris Vilkitsky, un hidrógrafo de 28 años hijo de un famoso explorador polar.

Durante tres años, los barcos avanzaron lentamente hacia el oeste, cartografiando la costa siberiana, soportando inviernos en puertos árticos, navegando entre témpanos.

En septiembre de 1913, cerca del Mar de Láptev, el hielo bloqueó su ruta hacia el oeste. Buscando un pasaje, Vilkitsky ordenó a los barcos navegar hacia el norte.

3 de septiembre de 1913. Los oficiales de guardia de ambos barcos anotaron la misma entrada en sus bitácoras: «Se ve tierra en el horizonte.»

Al día siguiente, 4 de septiembre, la expedición desembarcó en lo que ahora se conoce como Cabo Berg en la Isla Revolución de Octubre.

Vilkitsky leyó una orden declarando el descubrimiento de nuevas tierras y su anexión a Rusia. Plantaron la bandera imperial rusa al sonido de salvas de artillería.

Los exploradores creyeron que habían encontrado una sola isla grande. No tenían forma de saber que era un archipiélago completo.

Del Zar al Soviet: la batalla por el nombre

Inicialmente, los exploradores querían llamar al archipiélago «Tayvai» — combinando las primeras sílabas de Taimyr y Vaigach.

El Zar Nicolás II tenía otras ideas.

En 1914, por orden del Secretario de la Armada Imperial, el territorio fue renombrado Tierra del Emperador Nicolás II en honor al zar reinante. Una de las islas se llamó Isla del Zarevich Alexei, en honor al heredero.

Cuatro años después, el Imperio Ruso colapsó.

Después de la Revolución de 1917, el nombre monárquico se volvió políticamente inaceptable. En 1926, el Presidium del Comité Ejecutivo Central de la URSS lo renombró Severnaya Zemlya («Tierra del Norte»). La Isla del Zarevich Alexei se convirtió en Maly Taimyr.

Boris Vilkitsky, el descubridor, era un monárquico convencido. Huyó de Rusia después de la Revolución. Desde el exilio escribió:

«Pasarán los años, los horrores de la Revolución y de la Guerra Civil serán olvidados, los años de esclavitud soviética se desvanecerán en la historia; los nombres esparcidos por la vasta extensión de Rusia desaparecerán, como lo hicieron las calles y fábricas nombradas en honor a Trotsky; Leningrado recuperará el nombre de Pedro el Grande, como otras ciudades recuperarán sus nombres históricos; la tierra volverá a llevar los nombres del difunto Zar y Zarevich, nombres que les pertenecen por derecho de historia.»

Se equivocó. Más de 100 años después, el archipiélago sigue llamándose Severnaya Zemlya.

Aunque en 2020 hubo un intento de restaurar el nombre «Tierra del Emperador Nicolás II» — liderado por la nieta de Vilkitsky y el explorador Fyodor Konyukhov. La propuesta nunca fue implementada.

No fue mapeado hasta 1930-1932

Descubrir algo no es lo mismo que explorarlo.

Vilkitsky solo vio las costas orientales y meridionales del archipiélago. Creyó que era una sola masa de tierra. Los mapas de 1913-1915 mostraban una costa occidental «indefinida» porque nadie había circunnavegado el territorio.

El verdadero mapeo completo no ocurrió hasta casi 20 años después.

En 1930, el rompehielos soviético Georgy Sedov avistó las costas occidentales durante una expedición al Mar de Kara, confirmando que el archipiélago existía más allá de los avistamientos iniciales.

Pero la expedición definitiva llegó en 1930-1932, dirigida por Georgy Ushakov y el geólogo Nikolay Urvantsev.

Esta fue una expedición extraordinaria por su minimalismo:

  • Solo 4 personas: Ushakov, Urvantsev, el operador de radio Vasily Khodov, y el cazador Sergei Zhuravlev
  • Sin vehículos motorizados: trineos tirados por perros
  • Recorrieron 5.000 kilómetros en dos años, de los cuales 2.200 km fueron levantamientos topográficos que cubrieron 26.700 km²

Establecieron su campamento base en la Isla Domashny (literalmente «Isla Hogar») y desde allí cartografiaron meticulosamente todo el archipiélago.

Fue Ushakov quien descubrió que Severnaya Zemlya no era una isla, sino cuatro islas principales y docenas de islas menores.

Siguiendo la tradición soviética, nombraron las características geográficas en honor a organizaciones comunistas, eventos y personalidades: Isla Revolución de Octubre, Isla Bolchevique, Isla Komsomolets (Juventud Comunista), Isla Pionero.

Urvantsev caracterizó esta expedición como «la última expedición polar de la era Nansen-Amundsen» — el último gran logro conseguido mediante resistencia humana pura y recursos técnicos mínimos, sin tecnología moderna.

El propio Ushakov escribió sobre el lugar:

«He visto la península de Chukotka olvidada por Dios, la isla Wrangel azotada por ventiscas, he visitado dos veces la Novaya Zemlya envuelta en niebla, y he visto Franz Josef Land con su cielo esmaltado y orgullosos acantilados vestidos de azul, corrientes glaciares endurecidas… pero nunca he visto nada tan severo e inhóspito como Severnaya Zemlya.»

Georgy Ushakov testamentó que sus cenizas fueran enterradas en el archipiélago. Su urna fue llevada a la Isla Domashny y emparedada en una pirámide de cemento.

Un mundo completamente inhóspito

Severnaya Zemlya no tiene árboles. Es tundra ártica pura.

El clima:

  • Temperatura promedio en agosto (el mes más cálido): 0°C
  • Temperatura de invierno: -30°C
  • Solo 2,5 meses libres de nieve al año
  • Precipitación anual: prácticamente nula (desierto polar)

La vida:

  • Flora: musgos, líquenes, arbustos enanos
  • Fauna: osos polares, morsas, focas, gaviotas marfil
  • Población humana permanente: cero

La única presencia humana es la Estación Polar Prima cerca del Cabo Baranov, operada estacionalmente por científicos rusos.

El archipiélago alberga el glaciar más grande de la Federación Rusa: el Glaciar de la Academia de Ciencias en la Isla Komsomolets, que cubre miles de kilómetros cuadrados.

Geológicamente, Severnaya Zemlya tiene áreas de arenisca y arcilla de color rojo ladrillo que contienen óxido de hierro (hematita). Cuando los glaciares se derriten, este sedimento rojo se mezcla con el agua azul glaciar, creando los misteriosos «ríos rojos de Severnaya Zemlya» — un fenómeno que fascina a los pocos visitantes que llegan.

El último territorio virgen

Hoy en día, Severnaya Zemlya sigue siendo prácticamente desconocido fuera de Rusia.

A pesar de su tamaño (más grande que Bélgica), casi no recibe visitantes. Es uno de los lugares más remotos de la Tierra. Acceder requiere:

  • Permisos burocráticos interminables (zona fronteriza rusa)
  • Distancia extrema desde puertos principales
  • Condiciones de hielo impredecibles

Hay tan poca información disponible en línea sobre Severnaya Zemlya que un explorador polar dijo que «hay más información sobre una de las lunas de Neptuno.»

La única forma práctica de visitarlo es mediante expediciones especializadas en rompehielos de lujo, que cobran decenas de miles de dólares por persona.

Incluso hoy, en la era de Google Maps y satélites, Severnaya Zemlya permanece esencialmente inexplorado en el terreno. Vastas áreas del interior nunca han sido pisadas por humanos.

El cambio climático: el archipiélago que se revela

Durante siglos, el hielo marino permanente unía Severnaya Zemlya a Eurasia, bloqueando la Ruta del Mar del Norte incluso en verano.

Esto cambió en 2012.

Por primera vez en la historia registrada, el hielo marino retrocedió lo suficiente como para que apareciera agua abierta al sur del archipiélago. Las islas quedaron completamente rodeadas de agua.

Satélites de la NASA muestran que los glaciares de Severnaya Zemlya están retrocediendo rápidamente. El espesor del hielo ha disminuido y las temperaturas promedio han aumentado significativamente desde los años 1930.

El archipiélago se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar:

  • Fusión acelerada de glaciares árticos
  • Liberación de metano del permafrost
  • Dinámica de ecosistemas extremos

Irónicamente, el calentamiento global está convirtiendo a Severnaya Zemlya en estratégicamente importante. La apertura de la Ruta del Mar del Norte (que conecta Europa con Asia a través del Ártico) ha aumentado el interés militar y económico de Rusia en la región.

Rusia ha aumentado su presencia militar con nuevas bases y actividades de monitoreo. El archipiélago ahora tiene instalaciones de guerra electrónica para defender el control ruso del Ártico.

El último descubrimiento

No habrá más Severnaya Zemlyas.

Todos los continentes han sido cartografiados. Todas las islas mayores de 100 km² han sido descubiertas. Los satélites pueden ver cada rincón del planeta.

Severnaya Zemlya es el último territorio considerable descubierto por la humanidad.

Es el cierre de un capítulo de 500 años de exploración geográfica que comenzó con Colón y terminó con Vilkitsky en 1913.

Después de Severnaya Zemlya, solo quedaron islas minúsculas:

  • Algunas isletas volcánicas emergiendo del océano
  • Pequeños arrecifes y atolones sin nombre
  • Islas fantasma que resultan no existir

Pero ningún territorio del tamaño de un país europeo esperando ser encontrado.

La Tierra se había quedado sin lugares para descubrir.

El archipiélago fantasma

Hay algo profundamente perturbador en la idea de que un territorio del tamaño de Suiza permaneció desconocido hasta 1913.

Para entonces, la humanidad había:

  • Circunnavegado el globo cientos de veces
  • Alcanzado ambos polos
  • Cartografiado el 99% de la Tierra
  • Desarrollado aviación, radio, fotografía

Y sin embargo, nadie sabía que Severnaya Zemlya existía.

No estaba escondido en el Pacífico profundo. Estaba a menos de 1.000 kilómetros de la costa siberiana.

Hoy, con Google Earth, puedes ver cada metro cuadrado del archipiélago desde tu teléfono.

Pero en 1912, era literalmente invisible.

Un recordatorio de que incluso en la era moderna, la Tierra aún guardaba secretos. Y de que el hielo, la niebla y la lejanía pueden ocultar continentes enteros de la vista humana.

Hasta que un rompehielos bloqueado por el hielo, buscando una ruta alternativa, decidió navegar hacia el norte.

Y encontró el último lugar en la Tierra.

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