La maratón olímpica completada 54 años después: la historia de Shizo Kanakuri

En 1967, un anciano japonés de 76 años cruzó la línea de meta de una maratón olímpica en Estocolmo, Suecia. Oficialmente, había tardado 54 años, 8 meses, 6 días, 5 horas, 32 minutos y 20.3 segundos en completar la carrera, convirtiéndose en el poseedor del tiempo más lento de la historia olímpica. Esta es la extraordinaria historia de Shizo Kanakuri, el maratonista que se perdió durante medio siglo.

El viaje que cambió una vida

En 1912, Shizo Kanakuri era un prometedor corredor de maratón de 20 años que había roto el récord mundial en las pruebas de clasificación para los Juegos Olímpicos de Estocolmo. Junto con otro atleta japonés, se embarcó en un viaje épico desde Japón hasta Suecia que duraría 18 días y atravesaría dos continentes mediante trenes y barcos. El viaje fue agotador. Kanakuri y su compañero experimentaron el tren transiberiano, sufrieron el cambio drástico de clima y huso horario, y llegaron a Estocolmo exhaustos y desnutridos. El joven corredor había perdido peso y no había podido entrenar adecuadamente durante el trayecto, pero la presión de representar a su país en su primera participación olímpica era inmensa. La temperatura alcanzó los 40 grados Celsius, convirtiéndola en una de las competiciones más brutales de la historia olímpica. De los 68 corredores que iniciaron la prueba, solo 36 conseguirían terminarla. Kanakuri comenzó la carrera determinado, pero el calor sofocante, la deshidratación acumulada del viaje y su falta de aclimatación pronto pasaron factura. Alrededor del kilómetro 27, mareado y desorientado por el calor, el corredor japonés se desvió del recorrido y colapsó en el jardín de una casa junto al camino. Los vecinos, preocupados por su estado, lo llevaron al interior, le ofrecieron jugo de frutas y le permitieron descansar. Kanakuri, avergonzado por su fracaso y sin hablar una palabra de sueco, eventualmente se recuperó lo suficiente como para regresar a su alojamiento.

El misterio que duró décadas

Durante años, Shizo Kanakuri figuró oficialmente como desaparecido en los registros olímpicos suecos. Las autoridades especularon sobre qué podría haberle ocurrido: ¿se había perdido en los bosques?, ¿había sufrido amnesia?, ¿había decidido quedarse en Suecia bajo una nueva identidad? La verdad era mucho más simple pero igualmente curiosa. Kanakuri regresó a Japón y continuó su vida, convirtiéndose en un respetado profesor y entrenador de atletismo. Participó en las Olimpiadas de 1920 en Amberes y de 1924 en París, completando ambas maratones sin incidentes. También contribuyó significativamente al desarrollo del atletismo japonés, pero el misterio de su «desaparición» en Estocolmo permanecía sin resolver en Suecia. El hallazgo causó sensación en Suecia, donde la leyenda del «maratonista desaparecido» se había convertido en parte del folklore olímpico. Los medios suecos contactaron con Kanakuri, quien entonces tenía 70 años. El anciano atleta explicó con buen humor lo sucedido, admitiendo que en la confusión del momento y por vergüenza ante su fracaso, simplemente se había marchado sin informar a nadie de su retirada. El anciano atleta aceptó encantado la oportunidad de cerrar este capítulo peculiar de su vida. El evento fue organizado meticulosamente.

Un momento de humor y reflexión

Al completar la carrera, Kanakuri ofreció un comentario que se haría famoso: «Fue un largo recorrido. En el camino, me casé, tuve seis hijos y diez nietos». Esta declaración, pronunciada con una sonrisa traviesa, capturó perfectamente el espíritu de resiliencia y buen humor que había caracterizado toda la historia. El momento fue transmitido por televisión y se convirtió en una de las anécdotas más queridas de la historia olímpica. La imagen del anciano Kanakuri cruzando la meta décadas después de su «desaparición» resonó con las audiencias de todo el mundo, simbolizando la perseverancia y la capacidad de reírse de uno mismo. Es considerado el «padre de la maratón japonesa» por su papel fundamental en popularizar el atletismo de resistencia en el país y entrenar a generaciones de corredores exitosos. Kanakuri estableció numerosas escuelas de entrenamiento, desarrolló métodos de preparación que combinaban técnicas occidentales con filosofías japonesas, y continuó corriendo hasta la edad avanzada. Su filosofía enfatizaba la importancia del entrenamiento constante, la perseverancia ante el fracaso, y mantener una actitud positiva ante los desafíos. En primer lugar, demuestra cómo los fracasos pueden transformarse en historias inspiradoras con el tiempo y la perspectiva adecuada. Lo que pudo haber sido recordado como una derrota humillante se convirtió en una anécdota encantadora sobre la perseverancia y la redención.

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