El tutilimundi: el espectáculo óptico que anticipó el cine

Mucho antes de que los hermanos Lumière proyectaran sus primeras imágenes en movimiento, las plazas y ferias de Europa bullían con un espectáculo visual fascinante: el tutilimundi. Esta caja mágica del siglo XVIII combinaba imágenes pintadas, efectos ópticos y narración dramática para crear una experiencia inmersiva que maravillaba a las audiencias y sentaba las bases de lo que décadas después conoceríamos como cinematografía.

Orígenes de una maravilla ambulante

El tutilimundi, también conocido como mundo nuevo o raree show en inglés, emergió en Europa durante el siglo XVII como una evolución de las linternas mágicas y otros dispositivos ópticos de la época. El nombre «tutilimundi» deriva de la expresión italiana «tutto il mondo» (todo el mundo), reflejando la ambición de estos aparatos de mostrar a las audiencias escenas de lugares exóticos y acontecimientos extraordinarios. Estos dispositivos eran esencialmente cajas de madera de diversos tamaños, algunas lo suficientemente pequeñas como para ser portadas por un solo hombre, otras tan grandes que requerían carros para su transporte. En su interior albergaban una serie de imágenes pintadas, grabados o incluso escenas tridimensionales en miniatura que los espectadores observaban a través de lentes de aumento. Los espectadores pagaban una pequeña suma por mirar a través de estas aberturas, equipadas con lentes que magnificaban y daban profundidad a las imágenes del interior. El operador, conocido como tutilimundista o mundero, manipulaba las imágenes mediante diversos mecanismos. Algunos tutilimundis empleaban sistemas de poleas y cuerdas para cambiar las escenas, mientras que otros utilizaban discos giratorios o placas deslizantes. Los modelos más sofisticados incorporaban efectos de iluminación mediante velas o lámparas de aceite estratégicamente colocadas, creando efectos de día y noche, amaneceres, incendios o tormentas que dejaban boquiabiertos a los espectadores. El tutilimundista no era un simple operador técnico, sino un narrador consumado que acompañaba las imágenes con relatos dramáticos, canciones y comentarios que daban vida a las escenas mostradas.

Contenido y temáticas

Las imágenes mostradas en los tutilimundis abarcaban un amplio espectro temático. Las escenas religiosas eran populares, mostrando episodios bíblicos, vidas de santos o representaciones del cielo y el infierno con todo lujo de detalles terroríficos que fascinaban al público devoto de la época. Los acontecimientos históricos y militares constituían otro género favorito. Las batallas famosas, coronaciones reales, ejecuciones públicas de criminales notorios y desastres naturales se recreaban con todo el dramatismo posible. Para muchas personas de clases bajas que nunca saldrían de su pueblo, el tutilimundi era su única ventana al mundo exterior. Los tutilimundis mostraban las pirámides de Egipto, los canales de Venecia, las selvas americanas o los palacios orientales, alimentando la imaginación popular con representaciones que mezclaban datos reales con fantasías extravagantes. Estas imágenes no siempre eran precisas desde el punto de vista geográfico o cultural, pero cumplían una función educativa y de entretenimiento importante en sociedades donde los libros ilustrados eran artículos de lujo y la mayoría de la población era analfabeta. Los tutilimundistas viajaban de feria en feria y de pueblo en pueblo, llevando noticias visuales de acontecimientos recientes: una nueva victoria militar, el nacimiento de un heredero real o un escándalo en la corte. Algunos gobiernos y autoridades religiosas reconocieron el potencial propagandístico de estos dispositivos, encargando imágenes que promovían mensajes específicos o desacreditaban a los enemigos políticos.

Aspectos sociales y culturales

La experiencia del tutilimundi era fundamentalmente comunitaria. A diferencia del cine moderno, donde cada espectador tiene su asiento, los tutilimundis tenían múltiples mirillas que permitían que varias personas vieran simultáneamente, aunque desde ángulos ligeramente diferentes. Esto generaba conversaciones, exclamaciones compartidas y una experiencia social que fortalecía los lazos comunitarios. Los tutilimundis eran especialmente populares en ferias, mercados y celebraciones religiosas. Su presencia marcaba el carácter festivo de estos eventos y proporcionaba entretenimiento accesible para todas las clases sociales, aunque con matices: los más acomodados podían pagar por espectáculos privados más largos y elaborados. Algunos utilizaban efectos de transparencia, pintando imágenes en papeles translúcidos que cambiaban dramáticamente al iluminarlas desde atrás. Otros empleaban sistemas de espejos para crear ilusiones de profundidad imposibles. Los artistas que creaban las imágenes desarrollaron técnicas especiales de perspectiva forzada y distorsión calculada que compensaban el efecto de las lentes y la posición del espectador, creando ilusiones tridimensionales convincentes mucho antes del desarrollo de la fotografía estereoscópica. La linterna mágica, capaz de proyectar imágenes para audiencias más grandes, también contribuyó a su obsolescencia. Sin embargo, el tutilimundi no desapareció completamente. En algunas regiones rurales de Europa y América Latina, estos dispositivos continuaron utilizándose hasta bien entrado el siglo XX, especialmente en comunidades donde el acceso a tecnologías más modernas era limitado.

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