Por qué dices «achís» al estornudar y tu vecino sordo no dice nada

El estornudo silencioso que rompe todo lo que creías saber

Piensa en la última vez que estornudaste. Probablemente dijiste algo como «achís», «achú» o alguna variación sonora similar. Ahora pregúntate: ¿por qué haces ese sonido específico? ¿Es algo que tu cuerpo hace automáticamente, como el latido de tu corazón? ¿O es algo que aprendiste, como decir «hola»?

La respuesta te va a sorprender: el sonido «achís» que haces al estornudar no es un reflejo biológico. Es un comportamiento cultural aprendido. Y la prueba está en las personas sordas de nacimiento: la mayoría estornuda en completo silencio.

Esto significa que llevas toda tu vida añadiendo voluntariamente efectos de sonido a una función corporal involuntaria, sin siquiera darte cuenta de que lo estás haciendo.

El estornudo es universal, pero el «achís» no

El estornudo en sí es completamente involuntario y universal en los humanos. Es un reflejo defensivo del sistema respiratorio: cuando algo irrita tu nariz (polen, polvo, luz brillante, pimienta), tu cuerpo fuerza una explosión de aire a velocidades que pueden alcanzar los 160 km/h para expulsar el irritante.

Todo eso es biología pura. El diafragma se contrae, los músculos abdominales se tensan, la glotis se cierra momentáneamente, y luego ¡BUM! una ráfaga de aire sale disparada de tu nariz y boca. En ningún momento de este proceso mecánico tu cuerpo necesita hacer el sonido «achís».

Sin embargo, la mayoría de la gente vocaliza algo cuando estornuda. Y aquí está la clave: ese «algo» varía dramáticamente según el país y el idioma.

Cada país tiene su propio «achís»

En español decimos «achís» o «achú». En inglés dicen «achoo». En alemán es «hatschi». En japonés es «hakushon». En francés «atchoum». En coreano «echi». En finlandés «atsiuh». En mandarín «ā tì».

¿Notas el patrón? Todos son diferentes, pero todos intentan representar fonéticamente el mismo evento físico. Es como si cada cultura hubiera escuchado el sonido del aire saliendo violentamente de la nariz y hubiera decidido colectivamente: «sí, eso suena como [insertar onomatopeya local]».

Pero aquí está el truco: si fuera realmente el sonido «natural» de un estornudo, no variaría tanto entre idiomas. Un perro ladra «guau» en español y «woof» en inglés, pero el sonido real que hace el perro es el mismo. Con los estornudos, sin embargo, la gente literalmente produce sonidos vocales diferentes según su cultura.

La prueba definitiva: las personas sordas de nacimiento

La evidencia más contundente de que «achís» es aprendido viene de las personas nacidas sordas. Como nunca han escuchado a otros estornudar, nunca aprendieron que se «supone» que deben hacer ese sonido. Resultado: estornudan en silencio o con sonidos mínimos no articulados, solo el sonido del aire saliendo a presión.

Esto es exactamente lo que esperarías si la vocalización fuera aprendida. Es como cuando los bebés balbucean: los bebés sordos también balbucean, pero lo hacen con las manos (en lengua de señas) si sus padres son sordos, no vocalmente. Copian lo que ven, no lo que oyen.

Del mismo modo, cuando tú estornudas y dices «achís», estás reproduciendo inconscientemente un sonido que has oído miles de veces desde que eras pequeño. Lo internalizaste tanto que ahora parece automático, pero no lo es. Es como cuando «automáticamente» dices «ay» al golpearte el dedo del pie. No es un reflejo biológico, es una respuesta aprendida al dolor.

¿Por qué vocalizamos algo que no necesitamos vocalizar?

Aquí es donde se pone interesante especular. ¿Por qué las culturas desarrollaron esta costumbre de añadir sonido a los estornudos?

Una teoría es que tiene que ver con la comunicación social. Un estornudo sin vocalización es un evento bastante sutil si estás en una habitación con otras personas. Pero un «¡ACHÍS!» audible alerta a los demás de que acabas de expulsar micropartículas al aire, dándoles la oportunidad de decir «salud» (o su equivalente cultural) o simplemente alejarse discretamente.

Otra teoría es que la vocalización surgió como una forma de controlar parcialmente el estornudo. Al añadir sonido vocal, puedes modular ligeramente la fuerza y la apertura de tu boca, potencialmente haciéndolo más «educado» o menos explosivo que un estornudo completamente descontrolado.

También podría ser simplemente un comportamiento que se propagó por imitación sin ninguna función particular. Los humanos somos extremadamente buenos imitando sonidos y comportamientos, incluso cuando no hay una razón evolutiva clara para hacerlo.

Las excepciones culturales son fascinantes

Hay culturas donde se considera de mala educación hacer ruido al estornudar. En algunas partes de Asia Oriental, la gente intenta activamente suprimir o silenciar sus estornudos, considerándolo más cortés. Esto demuestra aún más que el sonido es completamente controlable y cultural.

También hay variación individual dentro de la misma cultura. Algunas personas hacen estornudos dramáticamente ruidosos («¡AAAACHOOOOO!») mientras otras estornudan discretamente. Esto también sugiere control consciente o semi-consciente: si fuera puramente biológico, no habría tanta variación personal.

Curiosamente, incluso tu propio sonido de estornudo puede cambiar con el tiempo si cambias de entorno cultural. Hay reportes anecdóticos de personas que se mudaron a otro país y gradualmente notaron que sus estornudos empezaron a sonar más como los de los locales. El cerebro está constantemente actualizando sus «scripts» sociales basándose en lo que escucha.

La ilusión de lo automático

Lo más fascinante de todo esto es cuántas cosas que parecen completamente automáticas son en realidad aprendidas. Decir «ay» cuando te duele algo. Suspirar de cierta manera cuando estás frustrado. Hacer un sonido específico cuando levantas algo pesado. Gruñir cuando te esfuerzas.

Todos estos comportamientos parecen surgir naturalmente de tu cuerpo, pero en realidad son scripts culturales tan profundamente internalizados que los ejecutas sin pensar. Tu cerebro los ha categorizado en la carpeta «respuestas automáticas del cuerpo», cuando en realidad deberían estar en la carpeta «cosas que aprendí de otras personas sin darme cuenta».

El estornudo vocalizado es el ejemplo perfecto de esto. La próxima vez que digas «achís», recuerda: tu cuerpo no te obligó a hacer ese sonido. Tú elegiste hacerlo (aunque inconscientemente), porque así es como aprendiste que se estornuda en tu cultura.

Y en algún lugar, una persona sorda está estornudando en perfecto silencio, demostrando que todo este tiempo, el «achís» era opcional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *