En 1946, apenas un año después del fin de la Segunda Guerra Mundial, cientos de veteranos estadounidenses se armaron, asaltaron una armería de la Guardia Nacional y sitiaron la cárcel de su propio condado durante horas. No fue un golpe de estado ni una insurrección violenta sin sentido. Fue la única forma que encontraron de recuperar su derecho al voto.
La historia de la Batalla de Athens, Tennessee, es uno de los episodios más extraordinarios y olvidados de la historia estadounidense moderna: una rebelión ciudadana contra un gobierno local corrupto que había secuestrado la democracia.
El contexto: una máquina política que controlaba Tennessee
Todo comenzó en 1936, cuando Paul Cantrell, un candidato demócrata vinculado a la poderosa máquina política de E.H. Crump con sede en Memphis, fue elegido sheriff del condado de McMinn. Cantrell provenía de una familia adinerada e influyente de Etowah y montó su campaña aprovechando la popularidad de la administración Roosevelt.
Lo que siguió fue una década de corrupción institucionalizada. Cantrell fue reelegido sheriff en 1938 y 1940, y posteriormente pasó al Senado estatal instalando a Pat Mansfield, un foráneo de Georgia, como sheriff. El sistema que crearon era ingenioso en su perversidad: los sheriffs y sus ayudantes cobraban según un sistema de comisiones, recibiendo más dinero cuanta más gente encarcelaban.
El resultado era predecible: redadas arbitrarias, multas exorbitantes, brutalidad policial y extorsión sistematizada. Los bares y garitos se convirtieron en trampas para ciudadanos con dinero en efectivo. Los registros del Departamento de Justicia muestran investigaciones por fraude electoral en el condado en 1940, 1942 y 1944, todas sin resolución.
Los veteranos regresan a casa
El condado de McMinn envió 3.526 jóvenes a la guerra, aproximadamente el 10% de su población. Mientras estaban en el frente, el condado se hundió aún más en la corrupción. Pero había una frase que circulaba entre los ciudadanos: «Esperad a que vuelvan los veteranos, las cosas cambiarán».
Bill White, uno de los veteranos, recordaba su regreso: «Empezamos a tener problemas con las autoridades porque cogieron la costumbre de detener a los soldados y multarlos fuertemente por cualquier cosa. Lo habían convertido en un negocio. Después de largos y duros años de servicio, estábamos acostumbrados a beber sin que nos molestaran. Cuantos más soldados arrestaban, más nos enfadábamos».
Los veteranos que regresaban se encontraban con que el dinero de su desmovilización los convertía en objetivos perfectos. Las autoridades los «hacían rodar por su dinero», como describió el actual sheriff del condado, Joe Guy, quien también es historiador del suceso.
La elección del 1 de agosto de 1946
En mayo de 1946, los veteranos decidieron actuar democráticamente: presentaron su propia lista no partidista de candidatos para las elecciones locales de agosto. Knox Henry, veterano de la campaña del norte de África, se enfrentaba a Paul Cantrell por la sheriff.
El día de las elecciones, las autoridades desplegaron alrededor de 200 ayudantes armados, muchos traídos de otros condados e incluso de otros estados, pagándoles 50 dólares al día (equivalente a casi 650 dólares actuales). Normalmente solo había 15 patrulleros de servicio.
A las tres de la tarde ocurrió el incidente que lo cambió todo: el patrullero C.M. «Windy» Wise impidió que Tom Gillespie, un anciano granjero afroamericano, votara. Cuando Gillespie y un observador electoral veterano protestaron, Wise golpeó a Gillespie con nudillos de latón y, cuando este huyó, le disparó por la espalda.
Los veteranos observadores electorales fueron arrestados uno tras otro. Y entonces, los ayudantes del sheriff hicieron algo que cruzó la línea roja definitiva: se encerraron en la cárcel del condado con las urnas electorales.
La batalla
Los veteranos se reunieron en una tienda que usaban como cuartel general y contactaron con el gobernador y el fiscal general de Tennessee solicitando ayuda para garantizar una elección legal. No recibieron respuesta.
Entonces tomaron una decisión extraordinaria. Un pequeño grupo asaltó la Armería de la Guardia Nacional local, se armaron con rifles y munición, y se dirigieron a la cárcel exigiendo la devolución de las urnas. Los ayudantes del sheriff se negaron.
Lo que siguió fue un sitio que duró varias horas. Cientos de veteranos, aplicando tácticas militares aprendidas en Europa y el Pacífico, abrieron fuego contra la cárcel. El tiroteo se prolongó hasta que finalmente los veteranos lanzaron dinamita contra la fachada del edificio.
Los ayudantes se rindieron. Milagrosamente, aunque hubo numerosos heridos, no murió nadie. Los veteranos voltearon coches de policía y los quemaron, pero finalmente recuperaron las urnas.
El resultado y el legado
De las 12 urnas, seis habían sido manipuladas y tuvieron que descartarse. Las seis restantes mostraron una victoria clara para los candidatos veteranos en los cinco cargos disputados, con aproximadamente dos votos a favor por cada voto en contra. Knox Henry se convirtió en el nuevo sheriff.
El 3 de agosto de 1946, el titular del periódico The Tennessean proclamaba: «Los soldados expulsan el régimen tirano de McMinn». Todos los funcionarios electos dimitieron. Durante tres días, Athens operó bajo jurisdicción estatal.
Las reformas fueron inmediatas: los ayudantes pasaron a cobrar salarios fijos en lugar de comisiones, se estableció un tope salarial de 5.000 dólares para todos los cargos del condado, y se desmantelaron las casas de juego que financiaban la máquina política.
Un episodio que incomodó a América
Inicialmente, la Batalla de Athens fue fuente de vergüenza local. Las imágenes de veteranos armados tiroteándose con «matones» reforzaron el estereotipo de violencia en Tennessee del Este. Incluso Eleanor Roosevelt expresó preocupación sobre si los veteranos que regresaban serían peligrosamente violentos.
Sin embargo, Roosevelt también escribió algo profético: «Si una máquina política no permite a la gente expresarse libremente, entonces la gente amante de la libertad pierde su fe en la maquinaria bajo la cual funciona su gobierno». Advirtió que cualquier gobierno que no garantice que expresa la voluntad del pueblo tiene «los días contados».
El movimiento se extendió a otros condados de Tennessee, con veteranos lanzando campañas insurgentes contra máquinas políticas corruptas. Se intentó crear una Liga Política No Partidista de Soldados a nivel nacional, aunque finalmente el General de la Marina Evans Carlson animó a los veteranos a trabajar dentro de los partidos políticos existentes.
La ironía final fue que el 4 de enero de 1947, cuatro de los cinco líderes de la Liga No Partidista declararon en carta abierta: «Abolimos una máquina solo para reemplazarla con otra aún más poderosa en ciernes». Las viejas lealtades partidistas resurgieron rápidamente.
La Batalla de Athens permanece como el ejemplo más violento de activismo veterano en la posguerra estadounidense y un recordatorio incómodo de que la democracia, cuando es completamente secuestrada, a veces solo puede recuperarse por la fuerza.