Si alguna vez has usado Google Maps en China, probablemente hayas notado algo extraño: los edificios aparecen flotando en medio de ríos, los puentes se cortan abruptamente y las carreteras parecen atravesar lagos. No es un error técnico ni un fallo de tus datos móviles. Es completamente deliberado.
El problema: cuando el mapa y la realidad no coinciden
Imagina que estás buscando un restaurante en Shanghái usando tu GPS. El mapa te indica que el local está en medio del río Huangpu, con actividad frenética sobre el agua. Al cambiar a vista satélite, descubres que el restaurante está realmente a varios cientos de metros de distancia, en tierra firme. Este fenómeno no es aleatorio: es el resultado de una política gubernamental china que ha convertido la cartografía del país en un enigma geográfico.
El mundo utiliza el sistema GPS basado en el estándar World Geodesic System 1984 (WGS-84), mantenido por la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial de Estados Unidos. Es el sistema de referencia que emplea prácticamente todo el planeta. China, sin embargo, decidió crear el suyo propio.
GCJ-02: el algoritmo que distorsiona China
El sistema chino se llama GCJ-02, cuyo nombre se traduce literalmente como «algoritmo de confidencialidad no lineal para mapas topográficos». Aunque está basado en WGS-84, incorpora un algoritmo de ofuscación que añade desplazamientos aleatorios tanto en latitud como en longitud. Estos desplazamientos pueden variar entre 50 y 500 metros.
La clave está en que estos errores son aleatorios: no se aplican de manera uniforme. A veces el desplazamiento es hacia el noroeste, otras veces hacia el sureste. En algunos lugares la vista de satélite y el mapa callejero parecen alinearse razonablemente bien, mientras que en otros divergen por completo. Por eso resulta imposible aplicar una corrección universal.
Todo está en la ley: cuando mapear es ilegal
En 2002, China promulgó la Ley de Topografía y Cartografía. Los primeros artículos son claros: el objetivo es promover el desarrollo cartográfico al servicio de la construcción económica nacional, la defensa nacional y el desarrollo social. Pero hay más: la ley establece que solo entidades autorizadas por el Estado chino pueden realizar actividades de topografía y cartografía.
El resultado es que únicamente 14 compañías tienen permiso legal para mapear China. Cualquier otra empresa, desde gigantes como Coca-Cola hasta estudiantes de geología británicos, ha sido multada o procesada por realizar actividades cartográficas ilegales en territorio chino. China ha perseguido al menos 40 casos de mapeo ilegal en los últimos años.
Cómo sobreviven Google Maps y otras aplicaciones
¿Cómo pueden entonces empresas extranjeras ofrecer mapas de China? La respuesta es simple: necesitan un socio chino. Google, por ejemplo, ha colaborado con proveedores locales como AutoNavi para acceder a datos cartográficos aprobados por el gobierno. Estos socios tienen licencia oficial y proporcionan los mapas distorsionados según GCJ-02.
Si accedes a Google Maps desde el dominio google.cn, verás que los mapas están «correctos» en el sentido de que el mapa callejero y las imágenes de satélite coinciden. Pero esto no significa que sean precisos: simplemente ambas capas están igualmente distorsionadas, aplicando el mismo algoritmo de ofuscación.
Las consecuencias prácticas
Esta política tiene efectos visibles en las fronteras. En la línea que separa China de Hong Kong, los puentes aparecen literalmente partidos en el mapa: es el resultado de unir forzadamente un mapa impreciso de China con un mapa preciso de Hong Kong, que usa WGS-84 estándar.
Además, si tomas una foto con tu cámara digital en China, los metadatos de geolocalización estarán prácticamente vacíos o serán imprecisos. Y no solo eso: China también modifica las representaciones de sus fronteras territoriales según sus reivindicaciones, especialmente en zonas en disputa como el Mar de China Meridional, donde mantiene conflictos territoriales con ocho países sobre 14 territorios.
¿Tiene sentido en la era de los satélites?
Esta estrategia de ofuscación cartográfica es un vestigio de la Guerra Fría, cuando se temía que mapas públicos precisos pudieran ayudar a invasiones extranjeras. Hoy, con tecnología satelital avanzada y sistemas de reconocimiento remoto, parece una medida arcaica. Sin embargo, China mantiene esta política firmemente, priorizando lo que considera seguridad nacional sobre la precisión geográfica.
El resultado es paradójico: en pleno siglo XXI, con toda la tecnología disponible, sigue siendo imposible saber con exactitud dónde está cada cosa en China. Y eso, según el gobierno chino, es exactamente como debe ser.